El fiel separador

Las odas a los libros son interminables, existen post, memes, poemas, frases, absolutamente todo dedicado a los libros. Tenemos cientos de libros, vamos a la tienda y compramos muchos de ellos que nos devoraremos en poco tiempo; hacemos todo por mantener nuestras bibliotecas bien dotadas de estos grandiosos seres. Los mantenemos limpios, libres de polillas, ordenados y a veces hasta inventariados.

Al acto de la lectura lo tenemos considerado como algo en donde solo dos son los protagonistas, tú y el libro, pero no nos damos cuenta que en medio de los dos se encuentra algo que muchas veces pasa desapercibido pero que es uno de los actores más importantes al momento de leer, el separador.

Pointing finger

Existen muchos y han llegado a nosotros de diferentes maneras. La mayoría de veces casi nunca el separador o señalador es comprado, casi siempre viene como un “regalo” al momento de adquirir un libro, es el papel que recibes al momento de subir al autobus, es la factura de algo que compraste en el supermercado, es un clip, etc. pero, ¿en realidad le damos la importancia que se merece a este instrumento que a simple vista no tiene valor?

El separador de libros es una de las relaciones más fieles que un bibliófilo puede llegar a tener, incluso mucho más fiel que con sus propios libros. Al separador lo usas y rehúsas, lo dejas de lado, lo vuelves a tomar, lo pierdes, lo estropeas pero siempre él está ahí recordándote lo que tu frágil memoria no podría recordar, diciéndote “hey bobo, te quedaste en esta parte de tu lectura” y sin embargo nosotros no le damos la más mísera importancia.

Me di cuenta de cuán importantes son los separadores porque hace unos días vi que mi esposo no tenía uno de ellos en el libro que se encontraba leyendo, fui a nuestro cuarto de los libros a ver un separador y para mi sorpresa no encontré ninguno. Me detuve a pensar por unos segundos para recordar en dónde estaban todos los separadores que teníamos en casa y vino a mi cabeza todos esos libros que tengo en suspenso, todos los libros que empecé el año anterior y no los terminé, tuve algo de tristeza.

Siento que he perdido un año de mi vida sumida en la depresión, he dejado de lado este espacio, por ende mis libros. En enero del año anterior me tracé la meta de leer 25 libros, creo que a duras penas terminé seis, no lo recuerdo, de todas maneras he vuelto a nacer, acá estoy viviendo de nuevo.

Al empezar a retomar los libros que quedaron en suspenso, con una reverencia y enorme agradecimiento saludaré a los fieles señores separadores por estar ahí para recordarme lo que mi frágil memoria no lograría.

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